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Cuando el silencio también pide ayuda

Radio Guerreros

Hay problemas que no siempre se ven a simple vista. Algunos se esconden detrás de un cambio de humor, de alguien que comienza a aislarse, de un estudiante que deja de interesarse por aquello que antes disfrutaba o de una persona que simplemente parece estar atravesando “una mala racha”.

Pero, ¿qué ocurre cuando detrás de ese comportamiento existe un dolor emocional que no se sabe cómo expresar?

La autolesión es una realidad que puede estar relacionada con dificultades para manejar emociones, conflictos familiares, acoso escolar o ciberacoso, experiencias de violencia, aislamiento, estrés y otros problemas emocionales. No existe una sola causa y, sobre todo, no debe abordarse desde el prejuicio.

Aquí es donde la sociedad tiene una tarea pendiente: aprender a escuchar.

Porque ante una situación de este tipo, regañar, ridiculizar, amenazar o decir que alguien “solo quiere llamar la atención” no resuelve el problema. Al contrario, puede cerrar todavía más la puerta para que esa persona hable de lo que está viviendo.

La pregunta entonces no debería ser únicamente: “¿Qué le pasa?”

También deberíamos preguntarnos: “¿Qué está intentando decir y nadie ha escuchado?”

En las escuelas y en las familias existen señales que pueden llamar nuestra atención: cambios importantes en el estado de ánimo, aislamiento, tristeza o irritabilidad persistente, disminución del rendimiento escolar o pérdida de interés en actividades cotidianas.

Ninguna de estas señales, por sí sola, permite establecer un diagnóstico. Pero sí puede ser una razón suficiente para acercarnos y preguntar cómo está esa persona.

Escuchar no significa tener todas las respuestas. Significa no juzgar, mostrar disponibilidad y entender que hay situaciones que requieren acompañamiento profesional.

Y aquí hay otra responsabilidad: cuando existe una situación de riesgo, no debe enfrentarse en secreto ni dejarse únicamente en manos de amigos o compañeros. La familia, la escuela y los profesionales pueden formar una red de apoyo.

Quizá hemos normalizado demasiado la frase “está en la edad” o “se le pasará”. Pero detrás de una conducta que preocupa puede existir alguien que no encuentra palabras para explicar lo que siente.

La prevención también empieza con una conversación.

No se trata de señalar, exhibir ni etiquetar. Se trata de mirar con atención, escuchar sin prejuicios y actuar a tiempo.

Porque a veces, antes de buscar una solución, alguien necesita saber que puede hablar y que será escuchado.

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